Tirada en el campo estaba desde hacìa tiempo un Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un dìa un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sondio más ducle de su vida, es decir, de la vida del Burro y la Flauta.
Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.
¡Cuántos Burros y cuántas Flautas hemos pasado por la misma historia!
sábado 24 de octubre de 2009
miércoles 21 de octubre de 2009
De aniversario!!!
Queridos amigos que todavía leen el blog,
Aún estoy viva. Si han encontrado últimamente telas de araña en el sitio (no por César, sino por mí) es porque me han bombardeado los quehaceres. Ha sido duro; ustedes más que nadie saben que para nosotros, los ínfimos mortales, no es fácil correr para salvarse el pellejo. Mis enemigos: los tests de la universidad, las trabas para obtener dinero (que contrarresto con escribir lo mejor posible y vender mis artículos, dar unas esporádicas clases de español a alguno que otro extranjero, y reparar alguna prenda -en el lenguaje chapín "hacer un chapuz"-) Agregado a eso un intento de estabilizacion emocional (¿Otra vez?) Sí; otra vez, y una intensa preocupación para encontrar la manera de ayudar a los actores de mi proyecto de investigación de semestre, gente que -a veces olvido- es miles de miles de veces más desafortunada que yo y a pesar de eso, no necesitan escribir en un blog quejándose de la vida.
En fin no todo es tan malo. Hay cosas por las que brincar. En un mes aproximadamente me prometí ir de vacaciones. Se supone que iré al Festival Ícaro a relajarme por cuantos días me sea posible. Y además, termino casi mi primer año de universidad. Por si fuera poco, hoy, el blog cumple un año de existencia. Muchas felicidades para tí, mi querido cuaderno web. Ahora, ya es un mérito conservar los blogs, he visto muchas páginas abandonadas tristemente por ahí, sin que se les haya dado digna sepultura. Que conste que me voy a despedir si cierro este espacio.
Y ahora que hablo de cosas bonitas y emocionantes, les dejo este video amateur de Tango Fugata, con Yo Yo Ma.
Abrazos para todo aquel que se le antoje.
Aún estoy viva. Si han encontrado últimamente telas de araña en el sitio (no por César, sino por mí) es porque me han bombardeado los quehaceres. Ha sido duro; ustedes más que nadie saben que para nosotros, los ínfimos mortales, no es fácil correr para salvarse el pellejo. Mis enemigos: los tests de la universidad, las trabas para obtener dinero (que contrarresto con escribir lo mejor posible y vender mis artículos, dar unas esporádicas clases de español a alguno que otro extranjero, y reparar alguna prenda -en el lenguaje chapín "hacer un chapuz"-) Agregado a eso un intento de estabilizacion emocional (¿Otra vez?) Sí; otra vez, y una intensa preocupación para encontrar la manera de ayudar a los actores de mi proyecto de investigación de semestre, gente que -a veces olvido- es miles de miles de veces más desafortunada que yo y a pesar de eso, no necesitan escribir en un blog quejándose de la vida.
En fin no todo es tan malo. Hay cosas por las que brincar. En un mes aproximadamente me prometí ir de vacaciones. Se supone que iré al Festival Ícaro a relajarme por cuantos días me sea posible. Y además, termino casi mi primer año de universidad. Por si fuera poco, hoy, el blog cumple un año de existencia. Muchas felicidades para tí, mi querido cuaderno web. Ahora, ya es un mérito conservar los blogs, he visto muchas páginas abandonadas tristemente por ahí, sin que se les haya dado digna sepultura. Que conste que me voy a despedir si cierro este espacio.
Y ahora que hablo de cosas bonitas y emocionantes, les dejo este video amateur de Tango Fugata, con Yo Yo Ma.
Abrazos para todo aquel que se le antoje.
lunes 12 de octubre de 2009
Música Popular
Por estos días he estado leyendo más sobre mitos de las culturas prehispánicas del centro y sur del continente americano. Me he aproximado al Cóndor, a la Guacamaya y al Quetzal; a Wirakocha, Chiminigagua y Kukulcán. He escuchado música de aquí y allá y he escrito algo para enviar a la revista (y)letrados. Mi amiga Rosa me ha enseñado algo de música popular peruana, pues está trabajando fuertemente por brindarnos al Gato y a mí una excelente estadía en Lima (Gracias Rosita).
He elegido algunas piezas quiero compartir aquí:
Del Perú
De Guatemala
Ahora más del Perú (Charango y Zampoña):
martes 6 de octubre de 2009
Ritual para tu sueño
SIEMPRE renegué de las legislaciones estéticas que florecen eruditos, teóricos, estetas, y demás flores ponzoñosas y tristes.
LOS cánones me parecen camisas de fuerza. Los estatutos de la belleza, moldes aterradores, fórmulas de embalsamamiento.
PERO viéndote dormir, todas esas leyes transitorias, todos esos requisitos preestablecidos, para considerar oficialmente bello lo bello, derogan su rigidez, pierden su acartonamiento y se vuelven vivas confirmaciones de tu perfil, del color y la forma de tus labios, de tu brazo perfecto que se fugó de las sábanas y que está allí, tranquilo, como sin darse cuenta de su inmensa y propia importancia.
CUANDO estás dormida puedo ejercer toda mi liturgia sin que tú te des cuenta, sin que te altere mi profunda y ferviente devoción, sin que mi homenaje turbe tu naturalidad.
PORQUE es en ese momento, en el de la viva y la tranquila quietud, cuando puedo medir estéticamente el valor de las obras todas de las artes al compararlas contigo. Puedo recordar la Victoria de Samatrocia y decir que es perfecta porque es de piedra y porque si tuviera brazos y caderas se parecería a ti; puedo decir que no me gusta el gesto violento de La Marsellesa en el Arco del Triunfo porque la falta tu dulzura y porque tiene una nariz que no es la tuya; puedo decir que la Venus de Milo es gorda y la Virgen de la Silla demasiado apacible. Puedo inducir que Debussy es perfecto porque suena a tu sueño.
LOS tratados de estética -¡los pobres viejos librotes sabios y gruñones! ¡Los pobres nuevos libritos malhumorados y serios!- se vuelven abuelitos amables y niñitos traviesos cuando te veo dormir. El clima se pone con textura de poema bucólico y las sábanas adquieren sonoridad de nube.
SOLO para esto me sirven ahora los cambiantes cánones de la belleza clásica, el punto de vista de cada época, las leyes de lo hermoso. Sólo para verte pasar por ellas, ganar un 100 en cada artículo y salir triunfante de todas las pruebas, seguir más allá de todas esas disposiciones reglamentarias, más allá de todas las comparaciones posibles con las prisioneras de los museos.
VERTE dormir. Es un lugar común, pero es como ver el mar en calma, el cielo despejado y la flor reventando. Tu respiración huele a música y tiene la forma de vuelo de aquellas hadas que me contaron cuando niño, de los ángeles que esperaba ver en el momento de mi Primera Comunión.
HAY algo sagrado en tu sueño.
CUANDO despiertas, cuando amanece el día bajo tus párpados, cuando tus brazos y tus piernas se alargan en el desperezo, cuando sale el sol en tu sonrisa, entonces, vuelven los tratados a sus anaqueles sosegados y nacen el mundo, el tiempo y la vida.
Ojo, ojo, ojo!!! Ni en mis mejores sueños escribiría esto. He aquí el hacedor del maravilloso escrito anterior:

Manuel José Arce. Escritor guatemalteco de todos los tiempos. Uno de mis tantos héroes.
LOS cánones me parecen camisas de fuerza. Los estatutos de la belleza, moldes aterradores, fórmulas de embalsamamiento.
PERO viéndote dormir, todas esas leyes transitorias, todos esos requisitos preestablecidos, para considerar oficialmente bello lo bello, derogan su rigidez, pierden su acartonamiento y se vuelven vivas confirmaciones de tu perfil, del color y la forma de tus labios, de tu brazo perfecto que se fugó de las sábanas y que está allí, tranquilo, como sin darse cuenta de su inmensa y propia importancia.
CUANDO estás dormida puedo ejercer toda mi liturgia sin que tú te des cuenta, sin que te altere mi profunda y ferviente devoción, sin que mi homenaje turbe tu naturalidad.
PORQUE es en ese momento, en el de la viva y la tranquila quietud, cuando puedo medir estéticamente el valor de las obras todas de las artes al compararlas contigo. Puedo recordar la Victoria de Samatrocia y decir que es perfecta porque es de piedra y porque si tuviera brazos y caderas se parecería a ti; puedo decir que no me gusta el gesto violento de La Marsellesa en el Arco del Triunfo porque la falta tu dulzura y porque tiene una nariz que no es la tuya; puedo decir que la Venus de Milo es gorda y la Virgen de la Silla demasiado apacible. Puedo inducir que Debussy es perfecto porque suena a tu sueño.
LOS tratados de estética -¡los pobres viejos librotes sabios y gruñones! ¡Los pobres nuevos libritos malhumorados y serios!- se vuelven abuelitos amables y niñitos traviesos cuando te veo dormir. El clima se pone con textura de poema bucólico y las sábanas adquieren sonoridad de nube.
SOLO para esto me sirven ahora los cambiantes cánones de la belleza clásica, el punto de vista de cada época, las leyes de lo hermoso. Sólo para verte pasar por ellas, ganar un 100 en cada artículo y salir triunfante de todas las pruebas, seguir más allá de todas esas disposiciones reglamentarias, más allá de todas las comparaciones posibles con las prisioneras de los museos.
VERTE dormir. Es un lugar común, pero es como ver el mar en calma, el cielo despejado y la flor reventando. Tu respiración huele a música y tiene la forma de vuelo de aquellas hadas que me contaron cuando niño, de los ángeles que esperaba ver en el momento de mi Primera Comunión.
HAY algo sagrado en tu sueño.
CUANDO despiertas, cuando amanece el día bajo tus párpados, cuando tus brazos y tus piernas se alargan en el desperezo, cuando sale el sol en tu sonrisa, entonces, vuelven los tratados a sus anaqueles sosegados y nacen el mundo, el tiempo y la vida.
Ojo, ojo, ojo!!! Ni en mis mejores sueños escribiría esto. He aquí el hacedor del maravilloso escrito anterior:

Manuel José Arce. Escritor guatemalteco de todos los tiempos. Uno de mis tantos héroes.
martes 29 de septiembre de 2009
¿A qué no visualizan un rostro en esta foto?
La tomé hace un par de semanas mientras recorría una vereda en el pueblo más alto de Guatemala: "Ixchiguán" -donde el cielo está más cerca-. En un nacimiento de agua las rocas y el líquido vital se mezclaron curiosamente para formar esta especie de rostro extrañamente alargado que sonríe apaciblemente a los escasos visitantes del lugar:

Qué fascinante y perfecta es la naturaleza!!!

Qué fascinante y perfecta es la naturaleza!!!
martes 15 de septiembre de 2009
Semáforo...
Les dejo un micro relato creación de mi amigo Marco Antonio. Espero que los disfruten tanto como yo.
DOMINGO, LA AVENIDA VACÍA. Volvía con mi esposa y mi hijo. Habíamos ido a una fiesta en donde me había aburrido por completo; no conocía a prácticamente nadie, le dije a mi esposa que nos fuéramos de ahí.
Manejaba despacio a pesar de tener toda la avenida para mí solo. Me detuve en un cruce, el semáforo en rojo. En la calle que cruzaba no pasaba ningún vehículo. Detrás de mí un auto blanco se paró. Lo vi por el espejo retrovisor. De lado izquierdo, en la esquina, pude ver a una pareja comprando en un autoservicio. Cuando salieron, reconocí a ella, a Eme. Se veía feliz abrazando al hombre que la acompañaba. Eme, mi niña. Eme. Mi esposa bajó la cabeza. Sentí que mis ojos se humedecían. El semáforo cambió al verde. Eme se alejaba allá, dándonos la espalda. ¿Por qué no avanzas, pa?, preguntó mi hijo. El auto de atrás tocó varias veces el claxon, se echó de reversa un poco y nos rebasó por el lado derecho.
DOMINGO, LA AVENIDA VACÍA. Volvía con mi esposa y mi hijo. Habíamos ido a una fiesta en donde me había aburrido por completo; no conocía a prácticamente nadie, le dije a mi esposa que nos fuéramos de ahí.
Manejaba despacio a pesar de tener toda la avenida para mí solo. Me detuve en un cruce, el semáforo en rojo. En la calle que cruzaba no pasaba ningún vehículo. Detrás de mí un auto blanco se paró. Lo vi por el espejo retrovisor. De lado izquierdo, en la esquina, pude ver a una pareja comprando en un autoservicio. Cuando salieron, reconocí a ella, a Eme. Se veía feliz abrazando al hombre que la acompañaba. Eme, mi niña. Eme. Mi esposa bajó la cabeza. Sentí que mis ojos se humedecían. El semáforo cambió al verde. Eme se alejaba allá, dándonos la espalda. ¿Por qué no avanzas, pa?, preguntó mi hijo. El auto de atrás tocó varias veces el claxon, se echó de reversa un poco y nos rebasó por el lado derecho.
domingo 23 de agosto de 2009
¡Dos gatos se encuentran! Parte III
Y seguiremos contando!
Al día siguiente, llegué a buscar un poco tarde a Julio César. Nuestro tiempo era limitado: de las 11 de la mañana a las 5 de la tarde. Apenas habían unas cuántas horas para hacer nuestras actividades. Nos fuimos a cambiar dólares, encubiertos, ja. Después de ello, compramos cerveza (una actividad que para mí se estaba volviendo más que normal). Preferimos caminar a tomar el autobús, hasta llegar al museo "Ixchel" del traje típico. Allí fuimos atendidas amablemente, dándonos un recorrido por el lugar. Nos encantaron los trajes a ambos, le expliqué a César que hay diversidad de ellos, más de cien en toda Guatemala. "Los hombres no están tan acostumbrados a usarlos como las mujeres" agregué. Vimos indumentarias, réplicas de vasijas, máscaras...¡máscaras! Julio César me dijo que era adicto a comprar una por cada país visitado.
Olvidaba decir que al iniciar el recorrido nos explicaron el proceso de tejido de cada traje maya.
Al salir del museo, tomamos un autobús que nos llevaría a el municipio de Zunil. Julio César volvió a dormir en el camino. Supongo que la alegría y la emoción hacen que el cuerpo tienda a sentirse cansado. Porque si en mi vida he tenido un compañero viajes que le ponga extrema emoción a las cosas ha sido Julio César. Bueno, al bajar del autobús, vimos de lejos la iglesia del pueblito, tan blanca como las nubes, tan cándida y familiar. Ibamos a ver a San Simón, el "Santo Mundano" a petición de César. Le conté que giraban muchas historias en torno a éste personaje. Muchos lo enlazan con Judas Tadeo, pero lo más aceptado es que es la representación de un dios maya, un antiguo chimam (brujo) que durante la "conquista" fue muerto varias veces, debido a que con sus poderes, lograba revivir, hasta que fue desmembrado y llegó el final de sus días. Hay como unos 7 San Simónes o Maximones en Guatemala, calculo. Aquí les dejo la foto:

Cuando salimos de el recinto de San Simón, Julio César tuvo muchos dejavús. Fue increíble relacionar cosas que había soñado con las que justo en esos momentos estábamos viendo. Entramos a la iglesia, a la iglesia blanca como las nubes que se ofrecía con aires inocentes. Entramos y fue entonces cuando vimos al Cristo que tenía cierto parecido con Michael Jackson (sin ofender a ninguno de los seguidores de ambos). ¿Verdad que es semejante?
Cuando llegamos estaban haciendo limpieza, así que apenas estuvimos un pequeño lapso de tiempo dentro de ella.
Nos sentamos en la orilla de una fuente sin agua como quienes no tienen preocupaciones, como los gatos sin dueño que somos (correción, Julio César si tiene dueño, jaja). Estuvimos muy felices en una especie de parque que estaba frente a la iglesia, viendo la rareza de personas rubias-indígenas (esto no es broma, en esta región hay mucha gente así) viendo el volcán Santa María, (que tanto le gustó a César por tener una forma cónicamente perfecta) viendo nubes, gatos, perros. Bueno, a estas alturas ya saben cómo eran nuestras conversciones.
Teníamos apenas un par de horas para hacer algunos pendientes cuando regresamos a Xela. Debíamos apresurarnos para comprar una serie de cosas: recuerdos para todas las personas que se habían quedado en Bogotá. Entramos al viejo centro comercial del centro urgando en algunas tiendas de artesanías. El resultados de nuestra búsqueda fue el siguiente: Un reloj de números mayas, una réplica de rostro y una estatuilla maya, cinco monederos típicos, diez llaveros representativos guatemaltecos, postales de paisajes y gente, una camisa, un bolso típico, un juego de individuales de tela tejida por mujeres quetzaltecas, y si se me olvidó mencionar algo disculpen, pero son tantos los recuerdos que tengo de ese día, que no es de extrañar si lo hago.
No se lo dije a Julio César, pero ese día tenía ganas de que el tiempo se detuviera, porque encontrar a personas tan agradables como él es una dificultosa tarea. Antes de irnos al hotel y despedirnos, tomamos un atol de elote y nos sentamos en el parque. Estaba oscurenciendo y habían algunas nubes grises en el cielo. Le dije que cada minuto con él era muy valioso y que le agradecía mucho que me hubiera visitado. Le prometí que iría a Bogotá a verlo, y él me prometió que vendría otra vez a Guatemala, a visitar el lago de Atitlán, a visitar las ruinas mayas y quizá (si aprendo y mis pies dejan de ser tan torpes) a bailar un tango conmigo. Cuando llegamos a el hotel nos despedimos con un fuerte abrazo, con la esperanza de que volveríamos a vernos, algún día que estoy segura no será tan lejano.
Mi hermano me dijo que Sócrates decía que la diferencia entre un episodio y una historia están a un paso ínfimo, a una pequeña distancia que si no se cruza, forma una lejanía abismal. Así que depende de nosotros si convertimos cada episodio en una historia para contar. Estoy felíz de que la visita de Julio César haya trascendido de episodio a una historia verdadera y real, y además sumamente especial.
Y la profecía se cumple. Ésta fue la primera entrada de César en el blog ¿un sueño? ¿un cuento? en fin, cosas que se imaginaron y se hicieron realidad(exceptuando la lluvia):
..."Y le hablé y me habló. Me dijo que su nombre era ¡Maga! o ¡Diana!, algo extraño, ¿no?... las excentricidades de las gatas de hoy en día. Quedamos en compartir los buñuelos, los chocolates, la cámara gatuna, el chocolate caliente, la música, la bolsa de maravillas y hasta la lluvia. Ahora, luego de un par de maullidos compartidos, luego de untar los bigotes de cocoa caliente, con algo de sabor a menta mezclado, me doy cuenta que de rara pasa a ser normal, tal vez muy normal, tal como ella misma me lo contó"...
Muchas gracias por todo Julio César. Nos veremos en un par de años, en Guatemala o Bogotá...
P.D.(No coloco punto final sino suspensivos porque ésto no ha acabado)
Al día siguiente, llegué a buscar un poco tarde a Julio César. Nuestro tiempo era limitado: de las 11 de la mañana a las 5 de la tarde. Apenas habían unas cuántas horas para hacer nuestras actividades. Nos fuimos a cambiar dólares, encubiertos, ja. Después de ello, compramos cerveza (una actividad que para mí se estaba volviendo más que normal). Preferimos caminar a tomar el autobús, hasta llegar al museo "Ixchel" del traje típico. Allí fuimos atendidas amablemente, dándonos un recorrido por el lugar. Nos encantaron los trajes a ambos, le expliqué a César que hay diversidad de ellos, más de cien en toda Guatemala. "Los hombres no están tan acostumbrados a usarlos como las mujeres" agregué. Vimos indumentarias, réplicas de vasijas, máscaras...¡máscaras! Julio César me dijo que era adicto a comprar una por cada país visitado.
Al salir del museo, tomamos un autobús que nos llevaría a el municipio de Zunil. Julio César volvió a dormir en el camino. Supongo que la alegría y la emoción hacen que el cuerpo tienda a sentirse cansado. Porque si en mi vida he tenido un compañero viajes que le ponga extrema emoción a las cosas ha sido Julio César. Bueno, al bajar del autobús, vimos de lejos la iglesia del pueblito, tan blanca como las nubes, tan cándida y familiar. Ibamos a ver a San Simón, el "Santo Mundano" a petición de César. Le conté que giraban muchas historias en torno a éste personaje. Muchos lo enlazan con Judas Tadeo, pero lo más aceptado es que es la representación de un dios maya, un antiguo chimam (brujo) que durante la "conquista" fue muerto varias veces, debido a que con sus poderes, lograba revivir, hasta que fue desmembrado y llegó el final de sus días. Hay como unos 7 San Simónes o Maximones en Guatemala, calculo. Aquí les dejo la foto:
Cuando salimos de el recinto de San Simón, Julio César tuvo muchos dejavús. Fue increíble relacionar cosas que había soñado con las que justo en esos momentos estábamos viendo. Entramos a la iglesia, a la iglesia blanca como las nubes que se ofrecía con aires inocentes. Entramos y fue entonces cuando vimos al Cristo que tenía cierto parecido con Michael Jackson (sin ofender a ninguno de los seguidores de ambos). ¿Verdad que es semejante?
Nos sentamos en la orilla de una fuente sin agua como quienes no tienen preocupaciones, como los gatos sin dueño que somos (correción, Julio César si tiene dueño, jaja). Estuvimos muy felices en una especie de parque que estaba frente a la iglesia, viendo la rareza de personas rubias-indígenas (esto no es broma, en esta región hay mucha gente así) viendo el volcán Santa María, (que tanto le gustó a César por tener una forma cónicamente perfecta) viendo nubes, gatos, perros. Bueno, a estas alturas ya saben cómo eran nuestras conversciones.
Teníamos apenas un par de horas para hacer algunos pendientes cuando regresamos a Xela. Debíamos apresurarnos para comprar una serie de cosas: recuerdos para todas las personas que se habían quedado en Bogotá. Entramos al viejo centro comercial del centro urgando en algunas tiendas de artesanías. El resultados de nuestra búsqueda fue el siguiente: Un reloj de números mayas, una réplica de rostro y una estatuilla maya, cinco monederos típicos, diez llaveros representativos guatemaltecos, postales de paisajes y gente, una camisa, un bolso típico, un juego de individuales de tela tejida por mujeres quetzaltecas, y si se me olvidó mencionar algo disculpen, pero son tantos los recuerdos que tengo de ese día, que no es de extrañar si lo hago.
No se lo dije a Julio César, pero ese día tenía ganas de que el tiempo se detuviera, porque encontrar a personas tan agradables como él es una dificultosa tarea. Antes de irnos al hotel y despedirnos, tomamos un atol de elote y nos sentamos en el parque. Estaba oscurenciendo y habían algunas nubes grises en el cielo. Le dije que cada minuto con él era muy valioso y que le agradecía mucho que me hubiera visitado. Le prometí que iría a Bogotá a verlo, y él me prometió que vendría otra vez a Guatemala, a visitar el lago de Atitlán, a visitar las ruinas mayas y quizá (si aprendo y mis pies dejan de ser tan torpes) a bailar un tango conmigo. Cuando llegamos a el hotel nos despedimos con un fuerte abrazo, con la esperanza de que volveríamos a vernos, algún día que estoy segura no será tan lejano.
Mi hermano me dijo que Sócrates decía que la diferencia entre un episodio y una historia están a un paso ínfimo, a una pequeña distancia que si no se cruza, forma una lejanía abismal. Así que depende de nosotros si convertimos cada episodio en una historia para contar. Estoy felíz de que la visita de Julio César haya trascendido de episodio a una historia verdadera y real, y además sumamente especial.
Y la profecía se cumple. Ésta fue la primera entrada de César en el blog ¿un sueño? ¿un cuento? en fin, cosas que se imaginaron y se hicieron realidad(exceptuando la lluvia):
..."Y le hablé y me habló. Me dijo que su nombre era ¡Maga! o ¡Diana!, algo extraño, ¿no?... las excentricidades de las gatas de hoy en día. Quedamos en compartir los buñuelos, los chocolates, la cámara gatuna, el chocolate caliente, la música, la bolsa de maravillas y hasta la lluvia. Ahora, luego de un par de maullidos compartidos, luego de untar los bigotes de cocoa caliente, con algo de sabor a menta mezclado, me doy cuenta que de rara pasa a ser normal, tal vez muy normal, tal como ella misma me lo contó"...
Muchas gracias por todo Julio César. Nos veremos en un par de años, en Guatemala o Bogotá...
P.D.(No coloco punto final sino suspensivos porque ésto no ha acabado)
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